EL proceso de la globalización llevado a cabo por los países del primer mundo, sin ningún pudor de orden humano, si no más bien de orden instrumental donde la hegemonía del poder económico prima sobre cualquier creencia, cultura, grupo étnico y religioso, entre otros, nos permite inferir que se ha presentado un menoscabo de la identidad entre los pueblos y culturas en nuestro planeta. Tomemos como ejemplo nuestros pueblos en Latinoamérica, donde grandes multinacionales dedicadas a la extracción de minerales de la madre tierra (petróleo, oro, cobre, sal, etc., imparten una serie de decálogos a favor de ellos y de unos pocos del correspondiente gobierno, con menoscabo de la comunidades indígenas y afrodecendientes, llevándolas al desplazamiento, desaparición y destrucción de la unidad familiar, sin tener en cuenta la dimensión integral y real del ser humano, falta de identidad con el medio ambiente, con el quehacer humano, con la espiritualidad, con la construcción de escenarios alternativos de sociedad, la solidaridad, la democracia en todo el sentido de la palabra y toda la construcción humana que contribuya al restablecimiento del medio social. Por tal razón es necesario establecer que en la medida que se rinda prelación a los intereses meramente económicos y políticos, es imposible encontrar pueblos unidos, ejemplos claros podemos encontrar en las disputas que actualmente se llevan en nuestro continente varias naciones; Colombia – Venezuela, Colombia – Ecuador, Perú – Chile, Bolivia – Chile.
Algunos pensadores se atreven a invocar el choque de civilizaciones debido precisamente a la falta de identidad, sin embargo se puede invocar la historia en el sentido que a pesar de ser diferentes en nuestro modo de actuar y de pensar entre los pueblos, se ha sobrevivido durante siglos y lo que ha enmarcado algún choque lo ha sido la condición de poder, acumulación de riqueza y destrucción del medio ambiente, sin tener en cuenta al ser humano. Ejemplos concretos los podemos encontrar en las Cruzadas, la guerra de los 100 años, la expansión de Roma y su posterior caída, entre otros, por tal motivo la raza humana se ha mantenido lejos de la destrucción, provocada por un grupo pequeño de individuos.
Por último plantéo, que la identidad debe darse desde los espacios urbano y rural, donde existe la memoria colectiva, donde se integran las diferencias y se considera la diversidad del ser humano y acompañada desde los espacios académicos universitarios que proveen elementos teóricos de ejemplificación de la vida
lunes, 23 de noviembre de 2009
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